La virtud de la Prudencia
La prudencia es una de esas virtudes de las que apenas se habla y que, sin embargo, resulta ser una clave en el dificílisirno arte de ordenarnos rectamente en nuestra relación con el prójimo. No nacemos prudentes, pero debemos hacernos prudentes por el ejercicio de la virtud. Y no es tarea fácil.
El pensamiento puede descarriarse como se descarría la voluntad, porque está expuesto a las mismas pasiones y a los mismos condicionamientos. Pensar y bien exige una gran atención, no sólo sobre las cosas, sino principalmente sobre nosotros mismos.
Hay que saber estar atentos sobre las razones, pero mucho más sobre nuestras pasiones que son las que nos impulsan al error. Porque los hombres solemos errar por precipitación en nuestros juicios, afirmando cosas que la razón no ve claras, pero que estamos impulsados a afirmar como desahogo de nuestras pasiones. Quien no sabe controlar sus pasiones, tampoco sabrá controlar sus razones y se hace responsable moral de sus yerros.
La razón es la que ha de regir nuestra conducta en la verdad y por eso la prudencia es la primera de las virtudes cardinales. Pero la verdad requiere tener sosegada el alma para conseguir tener sosegada la mente con objetivas razones.
domingo, 26 de octubre de 2008
lunes, 20 de octubre de 2008
la virtud de la justicia
JUSTICIA1. Dar a cada uno lo que es debido.2. La justicia y las demás virtudes.3. «La caridad es el alma de la justicia».4. Lo primero: justicia con Dios.5. No se reduce a una simple distribución de bienesMateriales.6. Manifestaciones de esta virtud.7. «Hambre y sed de justicia».***1. Dar a cada uno lo que es debidoLa justicia es el hábito según el cual uno, con constante yperpetua voluntad, da a cada cual su derecho (SANTO TOMÁS, SumaTeológica, 2-2, q. 58, a. 1).Ser justo significa dar a cada uno lo que le es debido. Estoconcierne a los bienes temporales, de naturaleza material. El mejorejemplo puede ser aquí la retribución por el trabajo o el llamado asíderecho a los futuros del propio trabajo y de la propia tierra. Noobstante, al hombre se debe, además, el buen nombre, el respeto, laconsideración, la fama que se ha merecido. Cuanto más conocemos alhombre, tanto más se nos revela su personalidad, su carácter, suinteligencia y su corazón. Y tanto más nos damos cuenta -y debemosdarnos cuenta de ello- de con qué criterio «medirlo» y qué quieredecir ser justos con él (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI-1978).No basta para ser justos que alguno quiera observar esta virtudesporádicamente en algún determinado negocio, porqueprácticamente no existe quien quiera obrar en todos injustamente,sino que es menester que el hombre tenga la firme voluntad deconservarla siempre y en todas las cosas (SANTO TOMÁS, SumaTeológica, 2-2, q. 58, a. I ad 3).La justicia es principio de la existencia de la Iglesia comopueblo de Dios y principio de coexistencia de la Iglesia y de lasdiversas estructuras sociales, en particular del Estado, comoigualmente de las organizaciones internacionales. En este terrenoamplio y diferenciado, el hombre y la humanidad buscan1continuamente justicia; éste es un proceso permanente y uncometido de la máxima importancia (JUAN PABLO II, Audienciageneral 8-XI-1978).2. La justicia y las demás virtudesLa fortaleza sin justicia es palanca del mal (SAN AMBROSIO,Sobre los oficios de los ministros, 1, 35).El hombre no pone su vida en peligro de muerte más quecuando se trata de la salvación de la justicia. De aquí que la dignidadde la fortaleza sea una dignidad que depende de la anterior virtud(SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 123, a. 12 ad 3).En esta norma (el mayor entre vosotros, hágase como elmenor) no se excluyen los que tienen una posición elevada: no debendominar éstos a quienes viven más modestamente [...], ni deben serensalzados por sus alabanzas; pero deben obrar enérgicamentecontra los que obran mal, por amor a la justicia (SAN BEDA, enCatena Aurea, vol. VI, p. 445).La justicia, después de la prudencia, es más noble quecualquier otra virtud moral: después, la fortaleza y la templanza(SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q.66, a. l c y 4).Aunque la justicia abraza a la vez todas las virtudes, sinembargo, existen entre todas dos principales que no se puedenseparar de ella: la piedad y la equidad [...]. La piedad y la equidadson como su fuente; en ellas se funda toda la justicia. Sin embargo,la primera es su cabeza y origen; la segunda, toda su fuerza y razón(LACTANCIO, Instituciones divinas, V, 15; PL 6, 596).Mirad, amadísimos, y considerad prudentemente qué raíces yfrutos nacen de la estirpe de la avaricia, la cual la definióacertadamente el Apóstol como la raíz de todos los males (I Tim 6,10), porque ningún pecado se comete sin deseo desordenado, y todoapetito ilícito es enfermedad de esta codicia [...]. No hay ningúnvestigio de justicia en aquel corazón donde habita la avaricia [...](SAN LEÓN MAGNO, Sermón 60, 4).3. «La caridad es el alma de la justicia»La caridad es el alma de la justicia (JUAN PABLO II, Aloc. 6-IX-1978)....Únicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandesproblemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os2extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad delhombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado,porque lo dulcifica todo, lo deifica: Dios es amor (I Jn 4, 16) (SANJOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 172).Amar la justicia no es otra cosa sino amar a Dios. Y como esteamor de Dios va siempre unido al amor que se interesa por el biendel prójimo, el hambre de justicia se ve acompañada de la virtud dela misericordia (SAN LEÓN MAGNO, Sermón sobre lasbienaventuranzas 95).La justicia y la misericordia están tan unidas que la unasostiene a la otra. La justicia sin misericordia es crueldad; y lamisericordia sin justicia es ruina, destrucción (SANTO TOMÁS, enCatena Aurea, vol. I, p. 247).Cristo nos ha dejado el mandamiento del amor al prójimo. Eneste mandamiento se encierra todo lo que concierne a la justicia. Nopuede haber amor sin justicia. El amor desborda la justicia, pero, almismo tiempo, encuentra su verificación en la justicia. Hasta el padrey la madre, cuando aman al propio hijo, deben ser justos con él. Sivacila la justicia, también el amor corre peligro (JUAN PABLO II,Audiencia general, 8-XI-1978).La paz es obra de la justicia, indirectamente, en cuantoremueve los obstáculos que a ella se oponen; pero propia ydirectamente proviene de la caridad, que es la virtud que realiza porexcelencia la unión de todos los corazones (SANTO TOMÁS, SumaTeológica, 2-2, q. 29, a. 3 ad 3).La justicia de los fariseos es no matar; la justicia de los que hande entrar en el reino de los cielos es no enojarse sin causa (SANAGUSTÍN, Sobre el Sermón de la Montaña, 1, 9).4. Lo primero: justicia con Dios...Primero, justicia con Dios. Esa es la piedra de toque de laverdadera hambre y sed de justicia (Mt 5, 6), que la distingue delgriterío de los envidiosos, de los resentidos, de los egoístas ycodiciosos... Porque negar a Nuestro Creador y Redentor elreconocimiento de los abundantes e inefables bienes que nosconcede, encierra la más tremenda e ingrata de las injusticias (SANJOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 167).Es necesario, pues, que cada uno de nosotros pueda vivir en uncontexto de justicia y, más aún, que cada uno de nosotros sea justo yactúe justamente respecto a los seres próximos y lejanos, respecto a3la comunidad, respecto a la sociedad de la que es miembro... yrespecto a Dios (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI-1978).Cuando algo se encuentra de por sí en contradicción con elderecho natural, no puede ser justificado por la voluntad humana(SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 57, a. 2 ad 2).Entended bien, pues, si os queda algo de conocimiento, que loscrímenes y la injusticia de los hombres consisten principalmente en elculto que rinden a los dioses, y que las desgracias que les afligencontinuamente tienen su origen en la ingratitud de haber abandonadoal Dios único para seguir supersticiones extravagantes [...](LACTANCIO, Instituciones divinas, V, 8; PL 6, 573).5. No se reduce a una simple distribución de bienes materiales...¡Qué pobre idea tienen de la justicia quienes la reducen a unasimple distribución de bienes materiales! (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁDE BALAGUER, Amigos de Dios, 169).La justicia es principio fundamental de la existencia y lacoexistencia de los hombres, como también de las comunidadeshumanas, de las sociedades y de los pueblos (JUAN PABLO II,Audiencia General, 8-XI-1978).6. Manifestaciones de esta virtudComo el fundamento de una casa y la quilla de una nave, pormuy sólidos que sean, de nada valen ni aprovechan si no seconstruye también sabiamente lo que sobre ello estriba; así toda esapenitencia no vale para nada si no se le añade y acompaña todo loque pide la justicia. El temor de Dios enseñe a la lengua a hablar loque conviene, a no decir cosas vanas, a conocer el momento y, lamedida en el hablar, y saber decir lo necesario y dar la respuestaoportuna; a no hablar tumultuosamente y a no dejar caer como unagranizada, por la impetuosidad en el hablar, las palabras sobre losque nos salen al paso (SAN GREGORIO DE NISA, Sobre los pobres, I;PG 46, 453).No debe entenderse que únicamente sean ladrones los quecortan las bolsas o roban en los baños, sino también los que estánconstituidos en jefes de los ejércitos, y aquellos a quienes se confía elgobierno de las ciudades y de los pueblos, cuando tomanfurtivamente alguna cosa o la exigen injustamente y por la fuerza(SAN BASILIO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 310).La virtud cristiana es más ambiciosa: nos empuja a mostramosagradecidos, afables, generosos; a comportarnos como amigos leales4y honrados, tanto en los tiempos buenos como en la adversidad; aser cumplidores de las leyes y respetuosos con las autoridadeslegítimas; a rectificar con alegría, cuando advertimos que nos hemosequivocado al afrontar una cuestión. Sobre todo, si somos justos, nosatendremos a nuestros compromisos profesionales, familiares,sociales..., sin aspavientos ni pregones, trabajando con empeño yejercitando nuestros derechos, que son también deberes (SANJOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 169).No es ciencia teórica. Es virtud, es capacidad del espirituhumano, de la voluntad humana y también del corazón. Es necesario,además, orar para ser justos y saber ser justos (JUAN PABLO II,Audiencia general, 8-XI-1978).7. «Hambre y sed de justicia»Todo hombre vive y muere con una cierta sensación deinsaciabilidad de justicia, porque el mundo no está en condiciones desatisfacer hasta el fondo a un ser creado a imagen de Dios, ni en laprofundidad de su persona ni en los diversos aspectos de su vidahumana. Y así, mediante esta hambre de justicia, el hombre se abrea Dios, que «es la justicia misma». Jesús, en el discurso de lamontaña, lo expresó de forma muy clara y concisa cuando dijo:Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellosserán saciados (Mt 5, 6) (JUAN PABLO II, Audiencia general, 8-XI-1978).5
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